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Desde un principio, no ha dejado de
sorprenderme la escasa importancia que muchos
líderes mundiales le están dando al problema
del cambio climático, ofuscados en la economía
de sus propios países, sin querer aceptar que
cualquier plan económico que ingenien les va a
servir de poco ante las demoledoras
consecuencias que puede tener un grave
deterioro del clima en la Tierra. Su actitud es
como la de aquel hombre que, intentando no
pisar una mierda de perro —y perdón por la
palabra, pero convendrá que vayamos llamando a
las cosas por su nombre—, se negaba a mirar que
se le venía encima un piano de cola desde un
séptimo piso. Y, sin embargo, estos líderes
gobiernan y toman decisiones en nombre de
millones y millones de personas en todo el
mundo...
Tendrá que convenir conmigo en que esta
situación es, cuando menos,
sorprendente.
Pero aún me sorprende más la interpretación que
algunas «buenas almas» hacen de lo que se está
planteando en la Cumbre de Copenhague. En las
páginas de Internet del periódico Libertad
Digital, presentaban, hace cosa de un mes, el
siguiente titular: «Impuestos verdes a nivel
global: La Cumbre de Copenhague incluye la
creación de un “Gobierno” Mundial», y luego, en
la cabecera de la noticia, decían:
«La
cumbre sobre cambio climático que se
celebrará en Copenhague en diciembre
esconde la mayor amenaza para el libre
mercado desde la caída del Muro de
Berlín. Bajo la excusa del calentamiento,
la ONU prevé un "Gobierno" con capacidad
para recaudar impuestos y redistribuir
riqueza a nivel mundial». Y, para
acabarlo de arreglar, añadían un vídeo
con el título de «La amenaza de un
Gobierno
Mundial».
Lo que yo vería como una noticia esperanzadora
(claro está, depende de cómo se implemente),
hay personas que lo ven como una amenaza para
el libre mercado y un peligro de proporciones
catastróficas. Esto es lo que podríamos
denominar «diversidad intracultural». Pero en
realidad es, más bien, la diferencia entre una
visión de justicia social y una aspiración a
una Cultura de Paz planetaria, y la actitud de
aquél que dice «Que nadie toque nada, que a
MÍ me han ido muy bien las cosas tal
como están. Que nadie toque el
sistema».
El libre mercado, tal como se ha concebido
hasta ahora y se ha estado llevando a la
práctica, es uno de los grandes responsables de
la pobreza en el mundo, de que el 20% de la
población mundial detente el 80% de las
riquezas mundiales. En ese sentido, me
parecería una cuestión de justicia social que
ese hipotético «Gobierno» Mundial se dedicara a
recaudar impuestos entre el 20% de los que más
tenemos para redistribuir riqueza entre el 80%
de los que menos tienen, entre otras cosas
porque nosotros nos hemos enriquecido a costa
de ellos.
Por otra parte, si esa redistribución facilita
que los países en vías de desarrollo contaminen
menos (recordemos que los países emergentes
esgrimen el argumento de por qué van ellos a
reducir sus emisiones de CO2, ahora
que están despegando, cuando nosotros hemos
estado contaminando impunemente durante
décadas), lo veré por bien empleado, aunque en
Libertad Digital pongan en duda la «teoría» del
cambio climático y pretendan aducir «pruebas»
de su inexistencia (habría que preguntar quién
pagó las investigaciones de donde salieron esas
«pruebas»).
Y, por último, la supuesta «amenaza de un
Gobierno Mundial»... ¿qué se puede decir de
esto...?
Sí... ya sé: «Por favor, por favor... sigan
amenazándome con ello».
Si vamos hacia una globalización controlada por
la economía y por los mercados, como así sucede
en estos momentos (es decir, si vamos hacia un
mundo controlado por las grandes
multinacionales y los grandes capitales, y no
por los gobiernos nacionales), ¿qué menos que
algún tipo de control político y de decisiones
políticas sobre esa globalización? Y, si
queremos un mundo sin guerras, ¿no convendrá
que vayamos comenzando a recorrer el camino,
pasito a pasito, para la desaparición de las
fronteras nacionales y la instauración de un
verdadero gobierno
planetario?
Sé que no podemos poner demasiadas esperanzas
en ese hipotético y amenazador
«Gobierno» Mundial; en primer lugar, porque va
a ser difícil que se acepte y, en segundo,
porque, aunque se haga una realidad, habrá que
ver si es capaz de ir más allá de lo que se ha
permitido ir a las Naciones Unidas. Pero
convendrá usted conmigo en que «más vale eso
que nada».
En verdad que somos
«sorprendentes» los seres humanos. Lo que para
unos es miel, para otros es hiel. Pero nuestra
diversidad, intercultural e «intracultural»,
quizás podamos reducirla finalmente, más allá
de las diferencias de orientación política, a
la diferencia entre aquellas personas que viven
aún en la consciencia del «yo/mi/mío» y
aquellas personas que han comenzado a vivir en
la consciencia del
«nosotros/todos/vida-toda/planeta».
Nota:
Si desea ver la noticia de Libertad Digital
(cosa que no le recomiendo, aunque sólo sea por
no aumentar su número de visitas) la dirección
es ésta:
http://www.libertaddigital.com/economia/la-cumbre-de-copenhague-incluye-la-creacion-de-un-gobierno-mundial-1276375330/.
Si desea, por otra parte, llevar un seguimiento
sensato sobre la Cumbre de Copenhague, le
sugiero las siguientes direcciones: http://es.cop15.dk/,
página de las Naciones Unidas sobre la Cumbre
de Copenhague, y
http://copenhagen2009.blogspot.com/
el blog de un activista medioambiental que
viene siguiendo el tema desde hace
tiempo.
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