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Pero, entonces, ¿dónde queda el “código deontológico” profesional, si es que lo hay,
de los periodistas que dirigen estos periódicos? Se supone que un periodista debe informar de
“la verdad”; que, por relativa que ésta pueda ser, difícilmente puede llevar a contar “verdades”
completamente opuestas. Yo, por ejemplo, me hice psicólogo para ayudar a la gente con problemas
de depresión, ansiedad, etc., etc. Imagina que, durante el tiempo que me dediqué a la práctica
clínica, me hubiera dedicado a fomentar la depresión, la ansiedad, etc., entre mis clientes.
Hubiera sido demencial, ¿no? Entonces, ¿cómo se puede uno llamar periodista, decir que su misión
es informar verazmente a la gente y, luego, consagrar su vida a desinformar, tergiversar y
manipular la opinión pública?
Se habla de la necesidad de independencia del poder judicial (perdón; un momento, que me da la risa). Pero, en el mundo de
la información y de los medios de comunicación, esto es algo que ni siquiera se contempla. Al
parecer, se da por hecho que los periodistas están ahí para desinformar y manipular la
información. ¿Acaso hemos perdido la cabeza en los países occidentales, para dar por sentado,
por “normal”, lo que en una sociedad verdaderamente civilizada se tendría por socialmente
patológico?
Cuando ves los periódicos, cuando escuchas la radio, cuando ves la televisión, sabes
de inmediato a qué partido sirve cada periódico, cada cadena de radio, cada canal de televisión,
porque sus informaciones se ofrecen sesgadas de raíz. Y lo demencial de todo esto es que ya lo
vemos normal, como si tuviera que ser así por naturaleza.


Recuerdo, cuando trabajaba en radio, que en cierta ocasión en que nuestra emisora
(independiente de verdad) se vio presionada por los dos grandes partidos políticos, se planteó
el tema de cómo había que tratar la información. Yo, recurriendo a mi formación científica de la
universidad, propuse algo elemental: “Hablad simplemente de los hechos, de hechos contrastados.
Nada de opiniones, nada de interpretaciones. Sólo hechos”. Afortunadamente, aquella emisora de
radio (Radio Requena F.M.) sigue siendo independiente, a pesar de los intentos de “deglución” de
diversas cadenas de radio afines a este o al otro partido.
Que me perdonen los verdaderos profesionales de la información si lo que estoy
diciendo les resulta deficiente, o incluso pueril. Sin duda, ellos, los de verdad, saben mucho
mejor que yo cómo se debe tratar la información en los medios de comunicación de masas. Pero,
aceptando la deficiencia de mis enfoques, sí les diré que es a ellos, a los periodistas de
verdad, a los verdaderamente veraces (paso de redundancias), a los que les corresponde poner en
marcha una cruzada dentro de su profesión; una cruzada por la honestidad, por la verdad, por el
servicio y la solidaridad con los pueblos a los que sirven; una cruzada por la recuperación de
un código ético mínimo, una cruzada por el ejemplo que los profesionales de la información
podrían dar a la sociedad en general y a la clase política en particular si asumieran su papel
de educadores sociales.
Y
no, no me digan que ustedes no son educadores. Todos nos estamos educando a todos constantemente
a través de lo que los psicólogos llamamos aprendizaje por observación, modelado, aprendizaje
por imitación de modelos. Y los profesionales de los medios de comunicación de masas tienen una
altísima responsabilidad en este aspecto, porque sus modelos de comportamiento, buenos o malos,
se transmiten a millones y millones de personas. Ustedes tienen una gran responsabilidad en el
curso que tomen nuestras sociedades, porque son ustedes los que nos interconectan a todos a
través de sus informaciones, de sus actitudes, de su manera de abordar los
hechos.
Si queremos un mundo mejor, es de todo punto crucial que los profesionales de los
medios de comunicación asuman su responsabilidad en la construcción de ese mundo. Como dijo
Gandhi: “La humanidad es una, si nos percatamos de que todos estamos igualmente sujetos a la ley
moral. Claro está que hay diferencias de raza, de estatus y demás; pero cuanto mayor sea el
estatus de un hombre, mayor deberá ser su responsabilidad”.
Conviene que los periodistas y los profesionales de los medios de comunicación tomen
conciencia de su poderoso estatus dentro de nuestra sociedad. Se habla del “Cuarto Poder”, pero
yo creo que se han pasado de humildes.
Nuestras sociedades, la humanidad en general, necesita del trabajo consciente y
decidido de aquellos profesionales de la información suficientemente maduros en personalidad y
pensamiento como para ejercer su mayoría de edad ideológica y filosófica. No pueden ustedes
seguir escribiendo al dictado de las grandes máquinas políticas, que hacen comportarse a los
líderes políticos como niños en un patio de colegio (como diría el insigne Serrat, “¿A ver quién
la tiene más larga?”) Les necesitamos a ustedes con la cabeza clara, con unas convicciones
firmes en la independencia de su papel, con la determinación del que sabe que su misión es
crucial en el futuro de la humanidad.
Si queremos un mundo mejor, tendremos que arrimar todos el hombro de la ética
personal, de aquélla que no precisa que haya alguien delante para hacer lo que se debe hacer.
Pero ustedes tendrán que arrimar ese hombro un poquito más, en razón de su importantísimo puesto
ante la sociedad.
Por favor, no desatiendan esta llamada.
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