|
Acostada en la camilla, ajena a la realidad impuesta, ni siquiera sabías que estabas enferma. Sólo
los hombres nos ponemos esa etiqueta y, con ella, nos damos permiso para lamentarnos y quejarnos
sin descanso.
Tú no te quejaste nunca. Jamás un lamento. Jamás un mal gesto. Y esa expresión de bondad, y ese
hacer tan en calma, sin conflicto. Una amiga te llamaba “perrita Zen” y es que ese nombre se
acoplaba a ti como un guante. Preciosa mía, ¿cuánto tiempo compartimos? ¿Diecisiete años? Imposible
saber tu fecha de nacimiento, pues apareciste cuando
debías tener unas pocas semanas, abandonada por quien ignoraba el tesoro que estaba
rechazando.
Mi querida compañera de viaje, ¡qué impotencia! ¡Qué frágiles somos! Instantes que no logro borrar
de mi memoria, el tacto de tu pelo, mi desesperación, mi soledad, el catéter, la inyección y… ese instante.
Todos dicen que era lo mejor para que no sufrieras, que hice lo
adecuado…
|
 |
Página
principal
Guerreros del
Arcoiris
Escribe tu propia
historia
Qué puedo hacer
yo
La Carta de la Tierra
(5)
La caja de
herramientas
Archivo de Newsletters
|