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Cómo
olvidar el ritmo silencioso de la mecedora acunando sueños. Lugar de rituales sagrados,
inenarrables experiencias de dicha, una detrás de otra, siempre y cada vez. Cada carita, los
dedos de las manos y los pies mil veces contados, la viva experiencia de dar el pecho, néctar
que pasa de mi hacia ti. Yo te alimento con la leche y tú me agarras fuertemente el dedo. Son
minutos Sagrados de conexión atenta. Jamás olvidaré esos
instantes.
Ya
pasaron los años de carritos, pañales, biberones, de colegios, bocatas y tareas
escolares.
Llegó el tiempo de cortar cordones umbilicales, de afrontar la vida solos, de cerrar los
ojos, contener el aliento y de cortar las riendas que van a dejarles hacer su marcha, llevar sus
ritmos, tomar sus propias decisiones.
Ahora es tiempo de noviazgos, de llamadas cortas, de mensajes… de
alejamientos.
Pero no hay lejanía para una Madre, su fuente incondicional sigue brotando y su amor
pasa a ser, si cabe, más firme, maduro, sereno, sabio.
El amor de Madre no caduca, es para toda la vida, pues la Madre no quiere a sus
hijos… los Ama.

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