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Estamos hablando de algo que no puede definirse desde el concepto. Ya los grandes Maestros nos
hablan de algo que apunta a una Realidad que no se puede captar desde nuestro patrón dualista de
ver y entender las cosas. No hay teorías, sólo la intuición, si se le puede llamar así, de que hay
algo que nos ayudará a los “buscadores” a entender el sentido de la vida y de la muerte, el
quién Soy en
definitiva.
Antes de pasar a la práctica de la meditación centrante, conviene que entiendas
muy bien el sentido de centro de gravedad del cuerpo. Para ello me voy a basar en los escritos de
Karlfried Graf Dürckheim. (1)
Dürckheim nos habla de la zona del cuerpo por debajo del ombligo, a la que los japoneses le llaman
Hara, como verdadero centro de gravedad del
cuerpo.
Según Dürckheim, "el hombre que dispone de hara 'está ahí' bien derecho. No es fácil hacer que se tambalee,
ni que cambie de opinión; si recibe un golpe que le haga perder el equilibrio, o que le obligue por
un momento a comprometer todas sus fuerzas, recobra con toda naturalidad su centro"
(p.192, Hara).
En los sistemas de trabajo con la energía, que nos vienen de tradiciones
milenarias de China, como son, por ejemplo, el Taichí o el Qigong, se nos anima a prestar
atención, principalmente en esa misma zona. “Si quieres buscar el origen de tu poder, lo
encontrarás expandiendo tu zona lumbar, metiendo la pelvis, levantado las rodillas y hundiendo tu
Qi (energía). Entonces, todo tu cuerpo está sólidamente plantado en el suelo. Así estabilizas tu
cuerpo, manteniendo tu centro.
El cuerpo humano no sólo tiene una línea central, sino también un punto central, que es nuestro
centro de gravedad. Está situado en la mitad superior de la línea central, medida desde lo alto de
la cabeza hasta el suelo… Está ligeramente por debajo del ombligo y justo por encima del
sacro”. (2)
Pero, para practicar un método meditativo, el conocimiento de teorías o principios no es
indispensable; necesitas una buena práctica para poder experimentar, por lo que vamos a dejar de
lado ese aspecto, y te animo a que vayas descubriéndolo por ti mism@ sin necesidad de acogerte a
ninguna doctrina. Si el trabajo que haces es auténtico, te aseguro que vas a ir cayendo en la
cuenta de una Verdad que está por encima de cualquier doctrina o religión y, al mismo tiempo, te
hablará de todas ellas.
Así pues vamos a entrar en el detalle de cómo practicar la meditación centrante.
Lugar recomendado
Tranquilidad ante todo. Busca un espacio donde puedas estar sin ser molestad@ hasta el final
de la meditación.
Sirve cualquier
espacio que puedas conseguir en el lugar en que te encuentres (sea en tu casa, o en
la oficina), un lugar en el que nadie te vaya a molestar durante unos minutos. Siempre te
ayudará más el hecho de que el espacio donde vayas a trabajar esté aseado y ordenado, y que
la temperatura sea agradable, dentro de la estación del año en la que te encuentres. Es
importante también, cuando haces un ejercicio de meditación, que no haya corrientes de aire
ni temperaturas extremas.
Cuando se crea un
entorno adecuado es más fácil practicar. Te sugiero que, aunque sea un pequeño espacio de tu
casa, le des un ambiente que sea agradable para ti y que te inspire.
Si, por cualquier razón, no dispones de un lugar “idóneo” para realizar el ejercicio, ¡NO DEJES
DE HACERLO! Es mucho más importante el hecho de que lo hagas al dónde
lo hagas. Nunca dejes de hacer un ejercicio por circunstancias que “hipotéticamente”
te lo impidan, sino más bien al contrario; saca a relucir tu abundante creatividad (todos la
tenemos, aunque a veces esté un tanto dormida). Sólo tienes que ponerla en funcionamiento, y verás
cómo te sorprende. Y, por encima de todo, adapta el ejercicio a tus
circunstancias.
Tiempo recomendado
Con cinco o diez minutos al día será
suficiente. Puedes ir ampliando progresivamente hasta un máximo de 30 minutos cada sesión. Ahora
bien, no hace falta decir que cuantas más veces puedas repetirlo, mucho mejor. Si lo realizas
5 minutos al levantarte y cinco minutos antes de acostarte será un buen
comienzo.
No te pongas un objetivo muy alto al principio, pues es más fácil que puedas desanimarte si no lo
consigues. Es mejor empezar con pequeños espacios para la meditación y poder alcanzar el objetivo
marcado.
Por otra parte, te aconsejo que lo vayas realizando durante un mes como mínimo, y a diario, para
poder notar su efectividad y sus enormes beneficios.
También te recomiendo que tengas un reloj a mano, o algún sistema suave de
aviso para advertirte cuando el tiempo establecido haya transcurrido. Estarás mucho más atento y presente en el trabajo meditativo si sabes que, al cabo
de 5 o 10 minutos, el avisador te va a indicar el momento de finalizar, en vez de estar revisando
el reloj mientras meditas.
Desarrollo del ejercicio
Antes de empezar el
ejercicio, vas a hacer un par de respiraciones profundas, inhalando por la nariz
y dejando que el aire te llene profundamente, para luego ir soltando el aire muy
lentamente y despacio, por la boca, haciendo una espiración
prolongada.
Después de hacer estas
dos respiraciones, vas a dejar que tu ritmo respiratorio se armonice, abriendo levemente la
boca y dejando que la respiración larga sea larga y la corta, corta; así conseguirás que se
armonice de forma natural. Verás que, pasado un tiempo, surge una sensación de atención y
presencia más acusadas, y la respiración se vuelve natural. En ese punto es cuando pasarás a
la respiración nasal, dejando que siga el mismo ritmo natural.
Seguidamente, en el lugar que hayas escogido para hacer el ejercicio, siéntate cómodamente. Es
importante que te sientas a gusto. Si te apetece, puedes ponerte una velita, quemar incienso,
esencias, poner una luz más tenue o lo que prefieras para estar bien.
Hay tres puntos importantes en la práctica de la meditación:
1. La
postura
Puedes sentarte en un cojín de meditación. Suelen tener unos 6-9 cm de alto, y nos ayudan a tener
la postura más adecuada para la meditación. También puedes utilizar una banqueta para meditar (son
de madera y, por lo general, bastante cómodos para la postura de rodillas). Tienen una
inclinación característica que nos ayuda a sentarnos fácilmente. Son muy útiles para aquellas
personas que puedan tener un problema de espalda o de rodilla.
En cualquier caso, lo mejor que puedes hacer es probar el sistema que te sea más cómodo. En última
instancia, si tienes algún problema que te impida sentarte en un cojín o una banqueta, una
silla puede servirte a la perfección.
Si vas a sentarte en un cojín, tienes la opción de
cruzar las piernas en loto completo, poniendo un pie sobre el muslo contrario y viceversa; o medio
loto, que se hace colocando el pie de la pierna izquierda sobre el muslo de la derecha. Te aconsejo
que busques una postura que no te haga sufrir demasiado, que se adapte a tus posibilidades, si no
quieres sufrir innecesariamente.
La espalda ha de estar siempre erguida, como si te sujetaran de un hilo desde la coronilla hasta el
techo; la barbilla un poco hacia dentro y relajada te ayudará a suavizar la lordosis cervical
(curva del cuello); el pecho ha de estar relajado.
Las manos puedes ponerlas haciendo un “mudra” básico que es poniendo la mano derecha boca arriba a
la altura de tu centro de gravedad, “hara”, como te he
dicho anteriormente, más o menos 3 dedos por debajo del ombligo, y la izquierda arriba también con
la palma hacia el cielo. Las yemas de los pulgares se tocan ligeramente, de tal forma que entre las
palmas y los pulgares se forma un círculo aplanado por arriba (fíjate en la imagen que ilustra este
artículo). Si te es muy incómodo o tienes alguna dificultad, apoya suavemente tus manos sobre los
muslos con la palma hacia abajo y déjalas ahí, en reposo.
Estate
atent@ para mantener la cabeza derecha. Los
hombros procura tenerlos también relajados. Si,
en tu caso, tienes que sentarte en una silla, hazlo sentándote en el extremo de ésta, sin
apoyar la espalda en el respaldo. Mantén la misma postura que indico para meditar en cojín o
banqueta. Es muy importante que los pies estén bien apoyados en el suelo, sin cruzar las
piernas, ni ponerse de puntillas. Si tu silla es muy alta y no te deja apoyar bien los pies en
el suelo, convendrá que te pongas un alza, o bien coger una silla más baja, para que los pies
queden bien asentados en el suelo.
Es importante una colocación adecuada, para no tener más molestias de las necesarias cuando se está
en meditación.
Para hacer esta meditación vas a ponerte de frente a la pared, a un
metro de distancia aproximadamente, y vas a mantener los ojos abiertos, pero recogidos delante de
ti, fijos en un punto en el suelo o en la parte baja de la pared. En mis comienzos solía
ponerme una marca con un adhesivo, o cualquier otra cosa que me indicara el punto donde debía
reposar la mirada. La vista ha de estar relajada. Muy quieta en un mismo punto. Si muevo los ojos,
mi mente se mueve, y eso es lo que pretendo evitar.
2. La
respiración
La actitud en la meditación es una actitud de no apego. Cuando te sientas en silencio o a
meditar, la mente se pone automáticamente muy activa, y no paran de emerger pensamientos. La
mente, anclada en la respiración, te ayudará a dejar de lado los pensamientos o preocupaciones, y
se irá silenciando.
La espiración vas a hacerla por la nariz. Tu atención vas a ponerla en la zona donde se halla tu
centro de gravedad, hara o Dan T’ien; y, con toda la atención puesta en esa zona, vas
a dejar que la inspiración se realice espontáneamente y llegue hasta tu centro.
Detente ahí un instante y deja luego que salga por la nariz, a la vez que, interiormente,
vas a contar “unooooooo”. Procura coger un ritmo, sin parar, y ve contando las espiraciones hasta
que llegues a 10. Después, comienza de nuevo por el 1 y repite el ciclo. No olvides que las
espiraciones han de ser más largas que las inspiraciones.
Tu mente se unifica en tu centro de gravedad, mientras vas haciendo las respiraciones de forma
pausada y rítmica. La respiración no debe en ningún momento ser forzada. Es natural y silenciosa.
Céntrate en tu hara y deja que los pensamientos vayan
surgiendo y desapareciendo, sin poner ninguna intención ni juicio en ellos. Deja que tus
pensamientos esporádicos afloren y se desvanezcan cuando quieran, mantén la atención en contar las
respiraciones.
3. La
actitud
La actitud adecuada es la de una absoluta atención en el instante presente. Tu atención ha de ser
completa y absoluta. Tu actitud es la de "no hacer ni buscar nada“. Esta meditación está enfocada
principalmente a soltar, no a buscar nada. Dürckheim nos dice:
"Buscar, encontrar… Son palabras que debemos eliminar de nuestro vocabulario. No hay que buscar
jamás. ¿Acaso la rosa quiere ir a buscar su flor en su raíz? Lo que hace falta es dejarse encontrar. Toda la vida espiritual está ahí. Puesto que
el Ser no hace otra cosa que buscarnos. Dejarse encontrar quiere decir: Dejar que el Divino se
exprese en nosotros, a través de nosotros, abrirse para dejarse encontrar…”
“Es lo que los japoneses denominen Za-Zen y que consiste en alcanzar el cielo y
la tierra mediante la posición justa. Hacer cesar el torbellino de los pensamientos y de las
inquietudes. Abrirse es extremadamente importante. Es la base misma de nuestra enseñanza, por
supuesto, con una respiración correcta. En la sentada, hay
algo que os busca, y vosotros debéis dejaros encontrar. Es la experiencia del Ser. En el
momento que lo experimentáis, se rompe vuestra vieja persona y sois sacudidos hasta un punto tal,
que os sentís capaces de hacer
cualquier cosa.”
Ésta es la actitud. Te sientas en la postura adecuada, te centras en la respiración. Pones tu
atención en el Centro de Gravedad, y no te acoges a nada. Con esta actitud, deja que las cosas
sucedan, sin más. Así de simple.
Observaciones
Hacer este trabajo en grupo, aunque sea de vez en cuando, te va a ayudar en gran medida a mantener
tu constancia y determinación.
IMPORTANTE:
Consulta a tu médico si tienes algún problema físico o psicológico, o ante la más mínima sospecha
de que estos ejercicios puedan perjudicarte. Midnight Sun no se hace responsable del mal uso de
estos ejercicios.
(1)
Catedrático de Psicología y Filosofía en la Universidad de Kiel en sus
últimos años. Fue combatiente en la Primera Guerra Mundial y, desde 1937 a 1947, estuvo en Japón,
aprendiendo e investigando sobre la cultura japonesa. Principalmente se adentró en el
conocimiento del Zen. A su vuelta, en 1950, puso en marcha en Todmoos, Rutte (Selva Negra), el
Centro Rutte y la Escuela de Terapia Iniciática.
(2) Escritos de Wang Xiangzhai. El Tao del Yiquan, p. 65. Jan
Diepersloot.
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